La inequidad escandalosa que lesiona la dignidad personal y la justicia social constituyen uno de los grandes macrodesafíos en nuestra América Latina. En nuestras sociedades ya no sólo hablamos del fenómeno de la explotación y de la opresión sino también de la exclusión, que ha generado que muchos de nuestros hermanos sean considerados “sobrantes” y “desechables”.

Tal como lo expresara nuestro Cardenal Jorge Mario Bergoglio en la V Conferencia Episcopal de Aparecida del año 2007, la injusta distribución de los bienes configura una situación de pecado social que clama al cielo. Nuestra Iglesia no debe encontrarse en el margen en la lucha por la justicia sino que debe animar el desarrollo de una conducta justa, coherente con la fe que promueva la dignidad humana, el bien común, la inclusión integral y la ciudadanía plena. 

La complejidad de la crisis socio-económico-cultural que sufrió nuestro país durante los primeros años del nuevo milenio impulsó a la Comisión de Niñez y Adolescencia en Riesgo a asumir el desafío de realizar un trabajo integral atendiendo el interés superior de los niños y adolescentes que viven en nuestra ciudad.

Nuestra tarea se orienta a acompañar a la familia apuntalándola en su rol de formadora de personas y promotora del desarrollo, tomando conciencia de que sólo a través de la promoción humana integral y de la auténtica liberación es posible la construcción de un orden social justo.

La pobreza y la desnutrición no son una mera fatalidad provocada por situaciones ambientales adversas o por calamidades naturales desastrosas, por lo tanto es necesario modificar las estructuras de opresión, de injusticia y de marginación. SSBXVI, Mensaje a los participantes de la cumbre de la FAO, 2008.

También hace falta, en el marco de esa transformación de estructuras, un compromiso hacia el otro, poniendo el cuerpo y el tiempo ya que todos somos responsables frente a las situaciones de vulneración de derechos a las cuales se ven sometidos muchos niños y adolescentes.

La acción pastoral de la Comisión de Niñez y Adolescencia en Riesgo se sustenta en la convicción de que el sufrimiento del otro nos llama a abrir los ojos y el corazón y a luchar por su dignidad, evitando que las situaciones de injusticia con las que convivimos diariamente se transformen en parte del paisaje.

Cada vez que nos despreocupamos de nuestro hermano, cada vez que somos cómplices con sistemas y estructuras que transforman en sobrantes a grandes grupos de nuestra sociedad, cada vez que somos indiferentes frente a los miembros más débiles -ancianos, enfermos, migrantes, niños y discapacitados- reiteramos el crimen de Caín con su hermano Abel, símbolo de la ética de la indiferencia.

Encaminemos nuestros esfuerzos para que los que “caben y los que sobran” sólo sean categorías anacrónicas. Apostemos a la esperanza que los derechos de una vez por todas sean para todos.

En palabras de nuestro Cardenal Bergoglio, citando al gran poeta Homero Manzi, busquemos `que nos duela como propia la cicatriz ajena’. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, VIII Encuentro Arquidiocesano de Niñez y Adolescencia, Septiembre de 2008.